Rodolfo Rieznik*
El decrecimiento, postulado por algunas corrientes del pensamiento ecológico, es una formulación que da entender que con la reducción de la actividad económica se puede frenar el creciente deterioro climático, medioambiental y de la naturaleza biológica en general. Se trataría de reducir la actividad económica medida a través del PIB, el Producto Interior Bruto. El PIB es el indicador aceptado universalmente para medir la economía.
El crecimiento o decrecimiento en la economía capitalista es una formulación monetaria.
El PIB es un cálculo estadístico a precios de mercado de los bienes y servicios finales producidos en un período significativo de tiempo, habitualmente 1 año o 3 meses. Está expresado en una moneda nacional determinada y para un ámbito económico especifico, país o área económica. Por eso es un número, por ejemplo 100 billones de dólares, que es aproximadamente el PIB de la economía mundial en 2022. Al PIB se lo nomina en divisas sólidas, dólares, euros, yenes, esto es, con un poder comparativo estable de compra.
En términos monetarios, el PIB, expresa una relación circular de flujos de la economía capitalista, que nacen en la empresa y se encuentran y cruzan en el mercado. Es en las empresas en dónde, por un lado, se origina el flujo de ingresos o rentas monetarias de las familias, y por otro lado también es en las empresas en donde se produce el flujo de mercancías, productos valorados en precios, que van dirigidos al mercado. Éste, el mercado, es el espacio virtual, económico, en donde el flujo de ingreso de las familias se encuentra y se intercambia -como señalamos más arriba- por los bienes producidos a un determinado precio. Es importante señalar que el flujo de ingreso o renta de las familias se conforma a partir de los salarios de los trabajadores y de los beneficios del capital. Ambos, trabajo y capital, en el modo de producción capitalista, son mayoritariamente propiedad contratada por las empresas privadas.
Por eso se dice que el PIB informa de la economía, simultáneamente, en tres dimensiones. Primero, por el lado de la oferta, bienes y servicios producidos por las empresas. En segundo término, por el lado de la demanda, bienes y servicios demandados y vendidos en el mercado. Por último, por el lado del Ingreso, las rentas percibidas por los trabajadores y los capitalistas por sus “aportes” al proceso productivo.
El PIB, por tanto, mide la circulación temporal del ciclo monetario porque es funcional al cálculo más importante que interesa a la economía capitalista. Esto es, el cómputo de la acumulación de capital, que nos es otra cosa que la medición del beneficio, generalmente anual, del capital. El modo de producción capitalista se fundamenta en la propiedad de los medios de producción, capital y trabajo, y en la explotación de este último, de la fuerza de trabajo, a la que no se remunera por el valor realmente producido. Es decir, la plusvalía es el lucro capitalista, o sea, trabajo no pagado al obrero. Y es en el mercado en dónde se formaliza la recuperación del capital adelantado para la acumulación de la ganancia. Por eso, la magnitud más importante de la economía atiende a conocer lo que pasa en el mercado, con los ingresos del trabajo, del capital y cómo se acumula en forma de lucro a partir de la producción de las empresas.
Pero, además, el PIB ignora la destrucción de la naturaleza, la biodiversidad, y la ecología en general. Aun cuando la naturaleza no es reemplazable ni renovable, no la contabiliza, no está en el precio final de las mercancías que se compran y venden en el mercado. Es que la sociedad capitalista no produce bienes públicos, solo bienes mercantiles y, por tanto, la destrucción material de la naturaleza de bienes globales no renovables, que no se pueden reponer, no los calcula. Las empresas sí amortizan el capital productivo, no el capital social, esto es, calculan los costes de retorno del capital fijo gastado en la producción, pero no el capital natural de bienes globales consumidos, que, en cualquier caso, concurren al beneficio privado.
¿Decrecer? ¿cómo? ¿cuánto?
Sin embargo, aun cuando la austeridad consumista, el decrecimiento pueda ser una finalidad loable, ¿cómo se frena a una producción descontrolada de bienes innecesarios? ¿Actuamos sin más sobre algunos de los tres lados antes señalados del PIB? Por ejemplo, sobre la oferta, qué rama de la producción paralizamos o reducimos. ¿Sobre la demanda, qué bienes restringimos? ¿Sobre el ingreso, recortamos el trabajo y enviamos al paro a una parte de la población? Los tres lados de la economía capitalista se coordinan por los precios en el mercado y los efectos se transmiten y se multiplican a través de aquél.
En el modo de producción capitalista las empresas son privadas e independientes unas de otras. Es una relación social impuesta por la apropiación privada de los medios de producción, capital y trabajo, y mediada en el intercambio mercantil.
Es la mano invisible del mercado el que regula todo. Las empresas no están sometidas a ninguna planificación global, los capitales compiten entre sí por el beneficio en la disputa por una mayor cuota de mercado. La puja por el lucro requiere innovación tecnológica a la vez que mayor explotación del trabajo para, conjuntamente, aumentar la competitividad empresarial. La ganancia está siempre en riesgo, y es el ajuste del tipo de interés, y no la satisfacción de las necesidades, lo que orienta al capital en el ciclo de acumulación. Se llama eufemísticamente “prima de riesgo” al tipo de interés. En situaciones de crisis económica, esta expresión llega a alcanzar niveles de popularidad, sin que el común de los ciudadanos sepa qué significa realmente.
La producción de mercancías a gran escala, que distingue al modo de producción capitalista, nunca está cómoda con la tecnología vigente, no la considera definitiva. El capitalismo revoluciona permanentemente la base técnica y de infraestructuras sobre la que se organiza la producción y el consumo. Renueva sin solución de continuidad las mercancías destinadas a la venta. Pero los productos nacen con fecha de defunción, bien por obsolescencia técnica programada, o bien por alteraciones formales inductoras de más consumo. El objeto buscado siempre es el mismo, vender y vender, reciclar la ganancia en el ciclo de acumulación de capital.
Las revoluciones industriales, las innovaciones tecnológicas promovidas por el modo de producción capitalista, son siempre una combinación funcional de demanda intensiva de materias primas, de perfeccionamiento técnico y científico, de nuevos bienes de consumo y de las infraestructuras asociadas al conjunto de la actividad económica.
La primera y la segunda revolución industrial se sostuvieron energéticamente en la explotación descontrolada de energías fósiles, como combustibles primarios, y en la provisión de herramientas y maquinarias empujadas por la fuerza motriz del vapor y la electricidad, como energía secundaria. La tercera revolución industrial es cibernética y digital, impulsa la automatización, que provoca un salto fantástico en la racionalización de la economía capitalista, al modificar extraordinariamente las formas de producir, trabajar, consumir, distribuir y comunicarse. Es un orden capitalista disruptivo que, además de obligarnos a una presencia casi continua en el ciberespacio tanto para producir como para consumir, traerá más de lo mismo en el orden de producción capitalista.
Además, todas las revoluciones industriales del modo de producción capitalista son la expresión de una lucha por el dominio y reparto del mercado a nivel mundial. La explotación de materias primas y mano de obra no tiene fronteras en esta economía, y menos aún la búsqueda del lucro privado.
El ciclo capitalista, en cualquiera de sus variantes “revolucionarias”, es depredador del medio ambiente, porque la maximización del beneficio y la expansión acumulativa del capital lleva a la producción indiscriminada de mercancías rentables. La conquista de territorios para la explotación sea de recursos naturales o humanos, o para el desarrollo de mercados de consumo es consustancial al modo de producción capitalista. No será posible frenar la alteración del equilibrio de la especie humana con la naturaleza en general y la destrucción de los equilibrios biológicos y físicos sin un cambio del modo de producción capitalista. Alterar el ritmo de crecimiento no puede ser efectivo si no va acompañado de una variación profunda y estructural de la forma de producir.
*Economistas sin Fronteras
Ponencia presentada en la Jornada Zadig “La astucia del capitalismo” realizada el 3 de junio de 2023 en Madrid.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.
