Sobre el deseo de vivir

(Comentario de un artículo del libro Face to Facebook de Gustavo Dessal)

 Gisela Calderón*

Cuando recuperé el aliento luego de haber leído “Face To Facebook. Una temporada en El Manicomio Global”, sentí una resonancia admirable; una envoltura que era incapaz de pasar desapercibida me atravesó mientras leía un subtítulo del capítulo “El psicoanálisis y la máquina de abrir cabezas”. La tensión vida-muerte se me presento como puño.

“Sobre el deseo de vivir” es un artículo del libro de Gustavo Dessal que está fechado el 28-11-18. Allí bordea lo difícil que entraña la experiencia analítica y lo hace remarcando el coraje de aquellos que transmiten una historia de vida. Una historia bien contada -como lo son los testimonios del pase- donde se pone en juego la elección, el deseo, las articulaciones frente a una posición y frente al goce cuando se acampa en la experiencia de un análisis. Su interrogante no hizo más que suscitar el mío en singular -que no necesariamente se encuentran-.

¿Cuál es la causa del deseo de vivir? Es una provocación; se trata de recordar el Eros del que hablaba Freud -nos dice Gustavo-. Fue como la experiencia del Satori que le es esencial al Zen, en el cual, cuando se alcanza cierto sinsentido se abre la posibilidad de ir un poco más allá, en este caso, de lo escrito.

No es posible llegar a perderse en ese arte interrogativo sino no hay una separación, una distancia respecto de lo que se lee, para poder apreciar lo que flota como posibilidad de creación y me confronta nuevamente. La proeza de Gustavo es a lo que me refiero cuando digo que está esa provocación. Entonces me acercó, me dejo llevar por la tensión inicial, me alejo y suspiro. Algo puede nacer de mi silencio.

En Freud redescubro ese afán por encontrar algo certero en relación al carácter elemental del curso de la vida, y él llega a precisar que, contrariamente, el ser vivo no busca cambio alguno, sino más bien el intento circula por las acrobacias realizadas para mantenerse en idénticas condiciones. Se paga el precio de la repetición para preservarse en la vieja meta, se las recuerdo: todo lo vivo muere porque lo inanimado esta en el origen.

Cuando el camino vital era breve, lo fácil, era vivir para morir. La cuestión se problematiza a partir de rodeos cada vez más complejos para plantar bandera en la meta así definida, se aleja del puerto que llevaría de regreso a lo inorgánico.

En pocas palabras, lo que nos empuja a vivir va en consonancia con la manera más íntima de querer morir, “el organismo solo quiere morir a su manera”, por lo que lucha contra cualquier exigencia para evitar el camino más fácil, el cauce directo a la muerte. Existe una conquista en juego que pugna por dilatar el camino, Freud allí condensa el acicateo indomeñable de seguir para adelante a favor de una animación prolongada que no apunta directamente a lo inanimado.

Para Freud la vida se piensa en articulación con las pulsiones que nunca cesan de aspirar a la satisfacción de su meta; las mociones pulsionales cobraran más tarde dos orientaciones en los procesos vitales. Las llamó pulsión de vida y pulsión de muerte. Ambas, si bien las discierne, jamás las piensa sin asociación de una a otra; y el enigma de la vida pasa por las especulaciones sobre la oposición entre ambas pulsiones desde los orígenes.  Pues bien, el enigma no se ha resuelto, -en palabras de Gustavo- es ese “misterio primero y último, aquel cuya fórmula no puede saberse”. (p.25)

En cuanto a la “animación prolongada” me resulta sencillo pensarlo en consonancia con lo que va de la mano del progreso, de la ciencia y de los discursos que se empeñan en que todo funcione y se vuelva efecto de un conocimiento. El psicoanálisis nos ha presentado -según Lacan- al sexo y a la muerte, al Eros y a la muerte, como lo que está fuera de cualquier articulación discursiva que intente expresar la relación sexual que no hay.

Es paradójico el forzamiento al divagar con el bla-bla-bla cuando se pretende apresar un esbozo sobre el deseo de vivir en el ser-hablante; precisamente recurrimos a los significantes, a las cadenas de palabras mortificando lo que hay de vida en el cuerpo. No nos hacemos un ser más que con palabras. ¡He aquí el drama! El equilibrio vida-muerte se ve perturbado cuando interviene el goce.

 Inflamos de goce a los significantes y sin embargo siempre resulta ineficaz esa mortificación porque, en el juego pulsional, siempre irrumpe ese trozo que se resiste, ese enigma que nos forzamos en convertir en un objeto definido tal como lo persigue la ciencia. Es el peso que heredamos del Nombre del Padre y que vemos en la estructura misma del deseo que se aloja entre los significantes.

Curiosa debilidad, tampoco se sabe qué es estar muerto -a nivel del inconsciente-, Lacan nos subrayaba que se vuelve indispensable para la vida que algo irreductible no se sepa, y juega entonces “que algo no sepa que Yo estoy muerto” es justamente ese trozo de vida, de Eros, de eso irreductible que se resiste y desde el origen se emancipa de lo que se pretende significar y suplir.

Gustavo Dessal, en su artículo, menciona que el psicoanálisis preserva frente a la voluntad de aquellos discursos que apuntan a tener todas las respuestas. No está para nada lejos del carácter subversivo del psicoanálisis que justamente va en ese camino contrario. Si decimos que hay reducción del sentido durante la experiencia de un análisis ¿acaso no se trata de la vía regía para soportar ese trozo de vida? Y que el deseo de vivir, responsabilidad puramente subjetiva, ¿sea esa elección asombrosa que nos toca tomar en nuestra condición humana? Quizás la impureza que ronda en el deseo del analista -cuando se centra en la diferencia absoluta- pase por esa sujeción al significante primordial y a la elección de un deseo de vivir inédito que no desconoce que hay algo del orden de lo irreductible, pero que puede vivir con eso.

Por esta razón, nuestros AE’s que han hecho su paso por la experiencia analítica, pueden dar cuenta de ese punto crucial donde algo sabe que no se está muerto, donde se eleva la imposibilidad lógica y algo de la silueta de lo indecible da lugar a la vivificación.  

* Lic. en Psicología, practicante del psicoanálisis. Maestría en Clínica Psicoanalítica del IDAES-UNSAM.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Bibliografía de referencia:

Dessal, G. Face to Facebook. Una temporada en El Manicomio Global, (2021), Ned Ediciones.

Freud, S. Obras Completas. Más allá del principio del placer. Tomo XVIII. ([1920-1922] 2017), Buenos Aires, Amorrortu.

Lacan, J. Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. ([1964] 2010), Buenos Aires, Paidós.

Lacan, J. Seminario 17. El reverso del psicoanálisis. ([1969-1970] 2019), Buenos Aires, Paidós.

Lacan, J. Seminario 19. “…O peor”. ([1971-1972] 2012), Buenos Aires, Paidós.

 

 

 

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