Feminismo-psicoanálisis: un debate, cuatro momentos

Ana Cecilia González*

Diciembre de 2020

El debate entre psicoanálisis y feminismo es uno de esos temas que de repente se vuelven ineludibles, y entonces proliferan las discusiones, publicaciones y eventos que se ocupan del asunto. Este texto no es excepción y tiene como punto de partida una conversación con colegas. Afirmé entonces lo que se desprende de la lectura de las principales representantes del feminismo en su versión teórica contemporánea: el psicoanálisis es una referencia ineludible, aunque a menudo sea por la vía de la transferencia negativa.

Pero enseguida agregué que, a la vez, el psicoanálisis se había enriquecido con la interpelación del feminismo, y me sorprendí de constatar que esa afirmación sonaba rara, para nada evidente.

Sin embargo, es igualmente cierta.

Para argumentarlo, voy a reseñar someramente cuatro momentos de este cruce, en función de la periodización del feminismo en “olas”. El repaso permitirá ubicar cada vez el punto en el cual el diálogo encalla, y a la vez, las preguntas que deja abiertas, pues lejos de ser tema superado mantiene plena vigencia.

1-El feminismo de la igualdad y la querella del falo

Si bien hubo antecedentes modernos relevantes1, la “primera ola” del feminismo va de mediados del siglo XIX hasta principios del XX y toma la forma de un movimiento liberal y sufragista, impulsado por mujeres de la pequeña burguesía, que reclamaban igualdad en los derechos civiles.

En el campo del psicoanálisis, nacido casi en la misma fecha, la reivindicación tuvo su correlato teórico ya en tiempos de Freud, bajo la forma de un encendido debate sostenido por los analistas ingleses, E. Jones, K. Horney y H. Deutsch. Básicamente, pretendían refutar la tesis del primado del falo, buscando con empeño un elemento equiparable para la niña.

Lacan bautizó este debate como “la querella del falo”, y lo menciona más de una vez en varios textos capitales2. En “De una cuestión preliminar…” dice: «(…) esa querella merecería nuestro interés por las hazañas dialécticas que impuso al doctor Ernest Jones para sostener con la afirmación de su entero acuerdo con Freud una posición diametralmente contraria, a saber, la que lo convertía, con matices sin duda, en el campeón de las feministas inglesas, avezadas en el principio de “a cada uno su”: a los boys el falo, a las girls el c…» 3.

Para ir derecho al grano: las analistas inglesas se enredaban en la vertiente naturalista del órgano. No obstante, en “La significación del falo” Lacan reconoce el valor del debate: “Queda el hecho de que la discusión ahora abandonada sobre la fase fálica, releyendo los textos sobre ella que subsisten de los años 1928-32, nos refresca por el ejemplo de una pasión doctrinal a la que la degradación del psicoanálisis, consecutiva a su trasplante americano, añade un valor nostálgico»4.

Su respuesta, como se sabe, fue formular una solución ‘por arriba’ para salir del laberinto: el falo es un significante y la diferencia radica en el modo de situarse respecto de él, tenerlo para ellos, serlo para ellas. Pero además guardó de esa querella “la pasión doctrinal” y un gesto que recorre de punta a punta su enseñanza, subrayado por Éric Laurent del siguiente modo: «Hizo falta Lacan para que pudiera reabrirse la caja de Pandora (…) el retorno a Freud es un retorno a la consideración de la sexualidad femenina, y una exhortación a los psicoanalistas a sostener su lugar en un debate que es de los más importantes para nuestra civilización: el que trata sobre el sexo»5.

Entonces, desde el primer momento a la actualidad, el concepto de falo está en el núcleo candente del asunto, y es un punto en el que el diálogo encalla una y otra vez. Cabría condensar el impasse en estos términos: el falo elevado a significante porta sin embargo el nombre del órgano, de allí cierta crítica de pendiente nominalista; y a la vez, el órgano bajo la égida significante se toma por referente. El problema es teórico, pero a la vez eminentemente clínico, de la impotencia al “error común”, tal como situó Lacan.

2-El feminismo de la diferencia y un goce más allá del falo

La segunda ola del feminismo va de los años ’60-’70 del siglo XX, hasta los ‘90, y se corresponde con el denominado feminismo de la diferencia.

Del lado del psicoanálisis, la distinción ser/tener el falo no es la última palabra sobre la cuestión. Entre los Seminarios 19 y 20 Lacan despliega una nueva teorización acerca de la diferencia sexual, que conocemos como fórmulas de la sexuación.

Pero aquí el punto en discusión no proviene de un debate histórico, sino de la interpelación directa que le dirigieron las representantes del feminismo francés del Mouvement de Libération des Femmes (MLF). En efecto, algunas de ellas, entre las que destacan Luce Irigaray y Antoinette Foulkes, se analizaban con Lacan y frecuentaban el seminario.

En el plano teórico, las propuestas de las francesas afirmaban la diferencia entre hombres y mujeres, promoviendo sendas versiones de la feminidad para situar su esencia: la horá en el caso de Irigaray, la escritura en el caso de H. Sixous, lo pre-simbólico de J. Kristeva. En términos generales, se trata de propuestas que definen lo femenino mediante constructos que lo ubican “más acá” del falo.

En algunos pasajes de Aún y L’étourdit, Lacan se dirige explícitamente al MLF y en lugar de hipostasiar la vaga idea de una “voz del cuerpo”, afirma: «Hay un goce, ya que al goce nos atenemos, un goce del cuerpo que está, si se me permite –¿por qué no convertirlo en título de libro, el próximo de la colección Galilée? – Más allá del falo. Quedaría de lo más gracioso. Y daría verdadera consistencia al MLF. Un goce más allá del falo…».6

Así, en las consabidas fórmulas, Lacan sitúa del lado femenino un goce suplementario, que, por lo demás, no priva a las mujeres del goce fálico. La posición femenina, entonces, toma apoyo en el falo para acceder a un goce más allá de él.

Al mismo tiempo, refuta la tentación de definir lo femenino por cualquier versión de un goce previo o ajeno a la incidencia del lenguaje para el parlêtre. De este modo barre con cierta idealización del cuerpo femenino, que terminaba, en una retorsión irónica, normativizándolo por otras vías, e incluso reivindicando lo materno como esencia7.

3-La teoría Queer y los límites del semblante

La siguiente ola del feminismo se levanta contra aquellas versiones esencialistas de la femineidad, y tiene lugar al otro lado del océano, con un cambio de lengua y de cultura que no es sin consecuencias. El género en disputa, primer libro de Judith Butler, publicado en 1990, es un alegato explícito y encendido contra las feministas de la diferencia francesas. Su propuesta, la teoría de la performatividad del género, causó un verdadero tsunami en las ciencias humanas y sociales, cuyas réplicas llegan hasta nuestros días. La idea de Butler, muy sintéticamente, es que no hay ninguna esencia, sino que la repetición paródica y performativa de la norma heterosexual –y allí incluye la teoría psicoanalítica– produce los géneros y los cuerpos en su materialidad. En la venia derrideana, bastaría entonces una mínima diferencia en la cita de esa norma para desplazar la frontera, ampliando los límites de lo posible. De allí que en aquel libro tome como paradigma a la Drag Queen.

Si lo trasladamos a los términos de Lacan, Butler reformula el problema del género en términos de la eficacia de los semblantes. El resultado es que las citas queer de la norma vienen a ampliar indefinidamente la lista de los géneros: LQBTIQ+.

En cuanto al psicoanálisis, la posición de la filósofa es marcadamente ambivalente, lo cual a menudo la lleva a incurrir en una crítica anacrónica o desfasada, que consiste en atacar a Lacan con sus propios argumentos.  Por ejemplo, su punto de partida es refutar el orden simbólico heteronormativo que el psicoanálisis lacaniano habría heredado de la antropología estructuralista de Levi-Strauss. Pero en pos de ello no se priva de esgrimir un largo alegato sobre “el falo lesbiano”8, el cual consiste en una brillante demostración del carácter significante del falo y su valor de semblante.

Por otra parte, a diferencia de las anteriores, esta interpelación a su teoría ya no tuvo lugar en vida de Lacan.

La respuesta no se hizo esperar y llegó de parte de otras filósofas que toman apoyo en la teoría lacaniana –Joan Copjec y Alenka Zupancik, las más interesantes y destacadas– y a la vez, de diversos referentes del Campo Freudiano.  La principal objeción a la teoría de la performatividad puede resumirse sucintamente: el constructivismo del género, es decir, el juego de los semblantes, deja de lado el problema de lo real del goce, el cual se declina según la fórmulas de la sexuación. En palabras de Éric Laurent: “(…) el hombre y la mujer están del mismo lado, separados del Otro goce. Tienen en común un solo tipo de goce: el goce fálico. En cuanto al Otro, tienen un acceso diferente, que los reparte indefectiblemente en dos especies. Allí reside el obstáculo, que la dimensión cultural del gender viene a recubrir totalmente, de la sexuación”9.

4-Cuarta ola: lo no binario y el Unarismo lacaniano

En una visita reciente a la Argentina, en un diálogo con el colectivo “Ni Una Menos”, Butler manifestó que hoy el feminismo mira hacia Latinoamérica, donde movimientos como aquel, las huelgas del 8M, la marea verde, las Tesis, etc., dan cuerpo a una “cuarta ola”.

En lo teórico, el debate de marras también suma otra vuelta, de gran actualidad, y que nos concierne del modo más directo. La diatriba de Paul B. Preciado en las Jornadas de la ECF de 2019, condensa los nuevos tropos del litigio: el psicoanálisis sería “cómplice” de una “epistemología de la diferencia sexual” considerada obsoleta, y la sola mención de las “mujeres” en el título de aquellas Jornadas daría cuenta de una posición anacrónica frente a la “revolución” de lo no binario, o les no binaries, según la versión local de lenguaje inclusivo.  Así, habría que arrumbar en el arcón del olvido, no solo el Edipo, sino también el falo, las fórmulas, y todo lo que invoque una diferencia que no sea la de un yo hipostasiado como cuerpo que se autoengendra y remodela a gusto de cada quien.

La respuesta no se hizo esperar y llegó en la mesa siguiente, de parte de Laurent, con apoyo en desarrollos previos. Por empezar los del propio Lacan, cuando a propósito de la publicación del libro clásico de Simone de Beauvoir afirma: «El fundamento de lo que desde hace un tiempito estoy soltándoles, muy precisamente desde el año pasado, es precisamente que no hay segundo sexo. No hay segundo sexo una vez que entra en función el lenguaje. O, para decir las cosas de otro modo, en lo que concierne a lo que llamamos heterosexualidad, lo hétéros –término que sirve para decir otro en griego– puede vaciarse en cuanto ser, para la relación sexual»10.

Difícil pensar una “deconstrucción” más radical que esta, a propósito de la tan mentada norma heterosexual. No hay relación sexual, y por lo tanto no hay un primer sexo y luego un segundo que le sea complementario, no hay un ser, es decir ninguna esencia para definirlos.

En segundo lugar, en el curso que dictó en 2011, Miller puso de relieve la generalización del goce femenino llevada a cabo por Lacan en su ultimísima enseñanza, la que sigue al seminario de las fórmulas. En sus palabras: «Lo que entrevió por el lado del goce femenino lo generalizó hasta hacer de él el régimen del goce como tal. Lacan se dio cuenta de lo que era el régimen del goce como tal»11.

Esto supone una positivización del goce, ante el cual el falo y la negativización que él introduce queda reducida a un tratamiento posible, relativamente eficaz, pero en absoluto exclusivo, y que, en última instancia siempre supone un resto que no se deja negativizar, y con el cual cada quien ha de lidiar.

Entonces, a propósito de las acusaciones de binarismo, lo que el psicoanálisis de la orientación lacaniana responde es que hay el Uno del goce, es decir, un Unarismo sofisticado, capaz de abrirle lugar a la diferencia absoluta de una pârletre.

Concluyo con las palabras recientes de Laurent: «El Unarismo lacaniano es radical (…) Del silencio central de las mujeres sobre su goce, Lacan hizo claridad y positividad. Es experiencia del sexo como tal. Si no, lo que se siente, es el goce del órgano, fálico especialmente. Los diferentes goces que pueden ser buscados son experiencias, experimentaciones sobre la oposición radical entre goce sexuado y goce del órgano. En efecto, todo tipo de conductas sexuales son posibles. Y son otros tantos testimonios de encuentros con lo imposible. Quedémonos en esa claridad» 12.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP).

Fotografía seleccionada por el editor del blog

Fuente: http://lalibertaddepluma.org/ana-cecilia-gonzalez-feminismo-psicoanalisis-un-debate-cuatro-momentos/

Notas Bibliográficas:

1 por ejemplo, la publicación en Inglaterra de Vindicación de los derechos de la mujer (1792) por parte de Mary Wollsoncratf, y al otro lado del canal, el movimiento de las Preciosas, al que Lacan hace referencia en “Ideas directrices para un congreso sobre sexualidad femenina”.

“La significación del falo” y “L’étourdit”.

3 Lacan, J., Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, p. 531.

4 Lacan, J., Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, p 655.

5 Laurent, E, “Les deux sexes et l’Autre jouissance”, La Cause freudienne nº 24, junio 1993.

6 Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aun (1972-1973), Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 90.

7 este sesgo, dicho sea de paso, está presente en las modas naturalistas de la crianza, con la teoría del apego entre otras. De modo que la idealización de la madre, aunque ya no sea certísima como decía Freud, persiste.

8 Butler, J., Cuerpos que importan. Sobre los límites discursivos y materiales del ‘sexo’. Buenos Aires, Paidós, 2002, cap. 2. Vale la pena retener este detalle en un momento en el que algunos psicoanalistas están dispuestos a tirar el concepto de falo por la borda para estar a la orden del día –es decir, del mercado– , o, en otros casos, lo nombran con temor de ser escrachados por estudiantes que actúan embates ciegos contra el psicoanálisis, instigados por intereses políticos,  y/o los odiadores de siempre.

9 Laurent, E, op. cit.

10 Lacan, J, El Seminario, Libro 19, … o peor (1971-1972), Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 93.

11 Miller, J.-A., “¿Qué es lo real?”, en Freudiana nº 61, 2011. Curso de la Orientación lacaniana “El Ser y el Uno”, enseñanza del Depto. de Psicoanálisis de la Universidad París VIII, lección del 2 de marzo de 2011.

12 É. Laurent, “L’Unarisme lacanien et le multiple des conduites sexuelles”, in Lacan Quotidien #865. [En línea] : https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/01/LQ-865.pdf

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